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Algo está fallando

26 de julio de 2017 a las 12:00 a. m.

En la siesta de este lunes, en pleno centro de nuestra ciudad, se produjo un hecho de características extraordinarias, no porque no sucedan en otras ciudades, sino porque no son habitual en Pergamino.

Una persona realizó una extracción en una entidad bancaria y luego, a pocas cuadras, fue interceptado por un delincuente, casi en las puertas de otro banco, y fue despojado del dinero que llevaba, no sin alguna resistencia por parte de la víctima. Hasta aquí se trataría de un robo estilo salidera si no fuese porque recibió un disparo en el pie. 

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No es que sea una sorpresa para los pergaminenses que haya inseguridad; robos, escruches y arrebatos están a la orden del día y queda en evidencia que es un asunto que no se está pudiendo controlar. Pasamos por algún que otro período de “tensa calma” que no se caracterizan por la ausencia de delitos como los que mencionamos sino porque ninguno de ellos “saltan” la vara a un grado impío de violencia, pero cada tanto la crónica de lo que tristemente ya es habitual incorpora un capítulo violento como el del lunes y pone el tema una vez más en el tapete.  

Dentro del mapa delictivo tenemos sectores geográficos más complejos que otros, barrios donde hay tiroteos nocturnos y donde se refugian cacos de todo tipo, desde los roba motos hasta los que venden drogas al menudeo. La Policía circula por estos sectores, haciendo su trabajo lo que no parece hacer mermar el delito, según relatan los sufridos vecinos, lo que no es un dato menor.

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Por otra parte, aplicando un criterio de saturación, en el centro de la ciudad, que es donde se encuentran todas las entidades bancarias y gran cantidad de comercios, que todos los vecinos de los más recónditos lugares de Pergamino utilizan, se ha destinado la mayor parte de los recursos económicos y humanos: cámaras, móviles y policía, sobre todo los locales, que popularmente la gente ha bautizado como “los pitufos” (por sus trajes color celeste). Tiene lógica que allí donde más gente circula y donde más movimiento de dinero hay, se destinen los mayores esfuerzos, tanto para prevenir, como para disuadir y eventualmente contraatacar el delito.

Esta policía de cercanía inunda el centro de la ciudad, en parejas que recorren las calles o se detienen también a vigilar en las esquinas, los vemos todos los días. Es de presumir, en consecuencia, si la idea estuviera surtiendo efecto, que esta zona debiera ser evitada por los amigos de lo ajeno, en contraposición con otros sectores donde podrían cometer sus fechorías sin tanta vigilancia. 

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Es lógico que así sea porque en los bancos de nuestra ciudad se perciben desde la Asignación Universal por Hijo, los salarios, las jubilaciones, hasta las grandes transacciones comerciales. De manera que el plan de saturación de policías que recorren el centro es necesario y cumplen un servicio a toda la comunidad de Pergamino.

Lo que preocupa es que pese a lo dicho, los delincuentes, con total impunidad, se arriesgan a un robo a mano armada a plena luz del día y en pleno centro. Lo que es indicativo de varias cuestiones, todas preocupantes: una de ellas y la más importante es que la presencia de la policía de cercanía no genera la actitud disuasoria esperada; otra es que quizá esto se produce porque no se ha visto que esta policía haya actuado generando confianza en las potenciales víctimas y por consiguiente temor en los cacos. Quizá su presencia haya evitado que se cometan delitos, pero eso es imposible de mensurar. Y en cambio cuando el robo se produce todos nos enteramos. 

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En la Avenida de Mayo, por donde circulan en forma permanente estas parejas de policías se han generado desde arrebatos hasta robos en comercios. Aunque justo es decir que hemos visto, en alguna oportunidad, atrapar ladrones sobre todo cuando se trata de ingresos a negocios porque ahí hay un tiempo en que se desarrolla el delito, a diferencia del arrebato, que no permite la llegada de la Policía.

Pero la realidad es que los hechos se producen igual y aparecen situaciones más violentas como la vivida el lunes, donde el detalle de que le hayan pegado un tiro al vecino para robarle no es menor. Porque si bien, como decimos, no es habitual en Pergamino, no sabemos cuándo puede comenzar a ser parte del pan amargo cotidiano.

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La realidad es que si en pleno centro de la ciudad no se logra la prevención con la presencia permanente de la policía de cercanía, evidentemente algo está fallando. O el delito está creciendo de manera exponencial y necesitamos nuevas estrategias para evitarlo o bien quienes están trabajando en el área de prevención no tienen la experiencia suficiente como para realizar la tarea. 

De cualquier modo es una preocupación para todos los vecinos de Pergamino que no sólo se incrementen los delitos de robo, sino que además se les agregue la violencia y las armas de fuego. Lo que indica que paulatinamente vamos escalando en la problemática en lugar de mejorarla. 

Sin dudas que el delito existe y existirá aquí y en todos los países del mundo, porque es inherente al ser humano elegir, a veces, caminos equivocados. No es eso lo que está en discusión, sino la necesidad de ir acorralando a los delincuentes en lugar de permitir que su expansión termine por ahogarnos a todos. 

Y no deja de ser un dolor de cabeza y una enorme preocupación el ver que la mayor presencia policial no estaría ayudando a prevenir el delito.

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