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Al final, eran iguales pero también distintos

21 de julio de 2018 a las 12:00 a. m.

Amedida que pasan los días los periodistas que investigan los aportes truchos a la campaña electoral de Cambiemos en la provincia de Buenos Aires encuentran nuevas ramificaciones y lo que en un principio fueron dos centenares de casos hoy ya superan el millar.

La dinámica no es novedosa, es más bien habitual. No podemos ser tan ingenuos de pensar que campañas que cuestan centenas de millones de pesos son costeadas exclusivamente por afiliados y adherentes. Es el aporte de ellos y otros recursos de origen no lícito (ya sea por la actividad en sí misma o por la evasión impositiva) que, obviamente, no puede figurar en ningún lado. También hay empresas que tienen vedada por ley el aporte a campañas (lo cual es un tema a rever por la ley) pero de todas formas hacen llegar el dinero que, se presume, es tanto para apoyar una idea como para apuntalar algún negocio a futuro.

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Por ello es que aparecen nombres de otras personas que no aportaron, para dar identidad a estas donaciones ocultas.

Los pocos avances que han habido en el país en cuanto a transparentar el financiamiento de las campañas políticas llegaron de la mano de nuevos artilugios para seguir haciendo lo mismo. Por eso, si bien hoy todos los ciudadanos podemos conocer quiénes han colaborado monetariamente con un partido, también podemos constatar que esos listados pueden ser fácilmente fraguados y la información, inventada.

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Si este caso no hubiera sido protagonizado por Cambiemos sino por el kirchnerismo, hoy estaría presente en la tapa de los diarios de mayor circulación del país y en todos los programas de la TV porteña.

Pero como los apuntados son la gobernadora bonaerense y los candidatos legislativos de la gestión en turno, la información sobre esta estructura de recaudación espuria hay que buscarla en los medios de comunicación que no practican la pleitesía de rigor. Así y todo, ya es tan grande el escándalo que, de a poco y a regañadientes, hasta los periodistas más condescendientes con el macrismo han tenido que hablar de él.

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Entre las revelaciones de la investigación sobresale el altísimo porcentaje de donaciones que recibió Cambiemos en dinero efectivo: casi el 90 por ciento. Esto es lo que permite adulterar la procedencia. Por eso es que Macri, ahora, asegura que trabajarán en un proyecto para modificar la ley de financiamiento, instaurando la obligatoriedad de la bancarización de los aportes.

“Falencias en la ley vigente” fue justamente la excusa enarbolada por Vidal para justificar este derrape. No obstante estas falencias, el tantas veces denunciado como corrupto kirchnerismo solo recibió en efectivo el 3 por ciento de las donaciones. Es decir que con ley o sin ley que imponga la obligatoriedad, la transparencia de los actos viene dada por sus protagonistas. Si se quiere hacer las cosas bien, no hay excusas.  Por el contrario, ninguna ley impide que se realicen fiscalizaciones y que la metodología de recaudación de dinero para las campañas electorales sea transparente y de fácil control.

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Hay muchos refranes y dichos populares que se nos vienen a la mente, pero el de “nunca decir que de esta no he de beber” es el que más aplica a los “campeones de la transparencia”. Sino la mayoría, gran parte de quienes optaron por Cambiemos (puntualmente por el PRO), un partido sin antecedentes de gestión más a allá a la particular Ciudad de Buenos Aires, integrado por gente nueva, sin plafón ni estructura política, lo hicieron por la promesa de una nueva política, más honesta, más de cara a la gente y, sobre todo, menos corrupta. Por eso, aunque lo descubierto no sea nada nuevo bajo el sol, molesta mucho. Sencillamente, es una gran desilusión.

Al fin, cada vez son más las coincidencias entre la presentada como nueva política y la denostada vieja política. Lo único que por ahora marca una diferencia es la rápida reacción ya que, como dijo Rogelio Frigerio y dejó en claro Vidal de-safectando a la recaudadora Fernanda Inza, “no se apaña a nadie”. Algo que sí hacía, siempre, el negador kirchnerismo. Esto nos hace albergar una esperanza: que si en Cambiemos no tiembla el pulso cuando hay que ir por la cabeza de un corrupto es porque se trata de personas que “se cortan” solas, “kiosquitos” aislados, de funcionarios que -humanos al fin- incurrieron en corrupción. Si fuese una mega estructura sistemática para el robo, no se podría mover una pieza sin que esa pieza se llevara puesto al resto. Eso, precisamente, es lo que pasaba en el kirchnerismo. Se amparaban (y amparan) mutuamente porque si se entrega a uno y habla, caen todos.

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De todos modos, aunque se trate de casos aislados, también hay responsabilidades en las autoridades partidarias. Queremos creer que no es por acción sino por omisión, lo que no es menos grave. Aunque no fuera una directiva partidaria la de recaudar en estas condiciones apócrifas, es igualmente responsabilidad de Vidal, en el caso de Cambiemos Buenos Aires, saber y controlar lo que sucede al lado y por debajo suyo, no solo para evitar que los díscolos hagan lo que no es debido, sino también para que no la ridiculicen ante la sociedad.

Y esto cabe también para Cambiemos Pergamino, porque en los listados de aportantes figuran unos cuantos vecinos de nuestra ciudad que fueron consultados por LA OPINION y aseguran no haber hecho ninguna donación ni participado de eventos de recaudación. Si Martínez estaba o no al tanto, si hay una figura local equiparable a la de Inza, como para sindicarle responsabilidades, o si todo esto se digitó desde el nivel provincial del partido, a esta altura de los hechos, no importa. Es Javier Martínez quien tiene que dar las explicaciones, primero a los pergaminenses involucrados directamente, y también a toda la sociedad. El rol que ocupa, al igual que sucedió con Vidal, lo obliga a asumir la responsabilidad por su estructura y salir a la palestra con este tema.

Son demasiadas las “coincidencias” que están aflorando y que apuntan, todas ellas, al corazón de la agrupación política que hizo de la lucha contra la corrupción una bandera muy eficaz para ganar elecciones.

Lo único que por ahora los diferencia es esta capacidad de asumir los errores y desactivarlos de inmediato. Vidal lo hizo. ¿Martínez lo hará?

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