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Agobiante inflación en el primer semestre, ¿alivio en el segundo?

08 de abril de 2016 a las 12:00 a. m.

Mientras atravesamos por esta suerte de hiperactividad judicial contra la corrupción, que despierta expectativas en la ciudadanía, hay gran preocupación por el proceso inflacionario que venimos padeciendo y que merced al sinceramiento de los servicios públicos se ha acelerado considerablemente. A tal punto que varias encuestas de opinión pública registraron que para la sociedad este es el tema número uno en su preocupación, superando a la inseguridad. Lo que no quiere decir que este flagelo haya mejorado sus índices.

Los datos con que contamos es que en marzo cerró con un alza de cerca del 3,7 por ciento y apunta a superar el 6 por ciento este mes, por lo que la proyección anual del acumulado en el primer cuatrimestre se ubicaría en torno del 40 por ciento. Los datos surgen de las consultoras privadas, habida cuenta que aún no se cuenta con los datos del Indec que Mauricio Macri pretende reorganizar. La única referencia pública es San Luis, considerado un índice fiable por la rigurosidad de sus métodos y según el organismo estadístico de esta provincia, el alza generalizada de precios incluso supera el 6 por ciento en su proyección para el mes en curso.

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Obviamente que no sólo los analistas sino cualquier ciudadano que administra sus gastos se da cuenta de que el impacto de los aumentos de las tarifas de gas, luz, transporte son los principales responsables de este incremento de la inflación. A estos se suman colegios privados, prepagas y todo lo que hay en las góndolas de los supermercados. Pero son los servicios los que han hecho la diferencia; si como el Gobierno advierte en el segundo semestre del año comenzaría a revertirse este proceso, tenemos como muestra que si no se hubiesen sincerado tarifas la inflación sería del 2 por ciento mensual. Una diferencia importante.

Así se llegaría a un promedio a fin de año del 35 por ciento en un escenario de cierto optimismo, lejos del 25 por ciento que espera el Gobierno.

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En Pergamino, en realidad, como nunca gozamos de los subsidios especiales que tenía la región metropolitana, nunca pagamos la energía barata, ni el gas, ni el transporte. De modo que no sentimos el mismo peso por el sinceramiento de estos servicios. Sí sentimos los aumentos generales en los alimentos (que creció nada menos que un 3,4 por ciento en marzo) que es lo que más pesa en la economía familiar. También nos alcanzaron los incrementos en educación, salud, vivienda peajes, precios de los autos, alquileres, expensas y cocheras. Y obviamente el extraño y cuestionable comportamiento de las alzas de la nafta que, mientras el barril de crudo se viene desplomando en el mundo, acá sigue subiendo el precio en los surtidores, impactando en todos los productos que se transportan. En resumidas cuentas, debido al tarifazo en la Ciudad de Buenos Aires la inflación está en el orden del 6 por ciento, mientras que en el resto del país se ubicaría en la mitad, lo que no es poco ni mucho menos para congratular a nadie.

Y como siempre sucede, el mayor impacto es para quienes tienen salarios fijos, encima las paritarias aún están en veremos. Porque se deben afrontar estos nuevos incrementos tan altos con salarios viejos, del año pasado concretamente. No hay bolsillo que lo aguante de este modo. La cuenta no cierra para el ciudadano y se instala la recesión, que es como un pariente perverso de la inflación, que llega frecuentemente después que ella se instaló en casa. 

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Mientras no se terminen las paritarias y se otorguen los aumentos de salarios, los trabajadores que ocupan puestos remunerados con lo mínimo, van cayendo por debajo de la línea de pobreza. Por eso tiene asidero el informe de la Universidad Católica Argentina en su encuesta de hogares, que afirma que hay un millón y medio de nuevos pobres. También ingresan en esta cifra los despidos que se produjeron en el sector estatal y en el privado, lo que implica un salario menos en la familia (si es que trabajan los dos) o lo que es dramático, carecer de otro salario, más que el del despedido.

Las paritarias que ya se hicieron (estatales) – a la luz de las proyecciones- quedarán retrasadas y las que vendrán seguramente elevarán las pretensiones, lo que significará un duro golpe para la patronal, que puede derivar en nuevos despidos, suspensiones o reducciones de horarios. Porque quien tiene un comercio o industria deberá afrontar estos compromisos sin excepción al mismo tiempo que verá afectados sus ingresos por la recesión que generan quienes no tienen dinero para comprar. Es el temido y ya vivido círculo vicioso de la economía. Y la recesión se mantendrá un tiempo suficiente como para que los precios cedan. No es lo ideal, pero es un modo ortodoxo de que pare la suba de precios por contracción en las compras.

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En momentos de inflación y sobre todo cuando se incrementan los servicios (es decir los gastos fijos de una casa), todo el resto del consumo se achica, necesariamente porque el dinero alcanza menos. Lo primero que se elude son los bienes innecesarios para evitar recortar parte de la canasta alimentaria. Y los que cayeron por debajo de la línea de pobreza comienza un plan de supervivencia tratando de optimizar lo poco que gana.

Para el segundo semestre es de esperar también que ya todos los gremios hayan logrado sus incrementos salariales, lo que implicará un alivio ante el aumento de precios y servicios. 

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Por su parte, el Gobierno viene cumpliendo con una política monetaria restrictiva, (menos emisión al recortar gastos en el Estado) y esto lentamente va haciendo su trabajo y permite tener expectativas de que la inflación se desaceleraría en el segundo semestre.
Sería importante también que el oficialismo explicitara qué otras acciones va a llevar a cabo para frenar la inflación, además de la restricción monetaria, para que entendamos los pasos que planean en el modelo económico que están imponiendo. Este es un reclamo que efectúan casi todos los medios de prensa, quienes indican que el macrismo “comunica mal”, porque no advierte sobre el plan económico que viene llevando a cabo. Esta cuestión no es menor porque evita la desorientación de la ciudadanía, al tiempo que se evita caer en actitudes como las del kirchnerismo que nunca explicitó su plan económico generando el enojo generalizado de la gente.

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