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Admitir la enfermedad para emprender la cura

17 de mayo de 2015 a las 12:00 a. m.

Hablando con la juventud, caminando ciertas calles y leyendo las crónicas periodísticas, como la publicada en la edición del viernes cuando cayó una banda integrada por vecinos de Pergamino y Salto, se hace innegable admitir que  la problemática de la droga no nos es ajena, y que si bien se está a tiempo de hacer mucho en procura de que el gran negocio no se instale aquí, la preocupación está en la región.

Nuestra cercanía con Rosario es uno de los alertas que tenemos en los últimos tiempos. Allí el consumo se ha expandido exponencialmente merced a que las bandas se han instalado, haciendo crecer en torno a ellas la mortífera cadena que va desde la “cocina” al consumidor, dejando muertes en cada eslabón.  

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Se ha dejado llegar a este negocio a un estado irrefrenable; está todo fuera de control, tanto el consumo entre los más jóvenes y vulnerables como las luchas entre bandas narco que cual cazadores se disputan los cotos de ventas.

Son muchas las conexiones territoriales que Pergamino tiene con la ciudad del sur de Santa Fe; tanto para recalar en nuestra ciudad como para seguir viaje a otros puntos de venta, la droga en cantidades siderales circula por nuestras rutas. Si en un operativo en la ruta Nº 32 se detecta cierta cantidad en un vehículo en una noche, sería iluso no suponer que esa cantidad hay que multiplicarla varias veces por los autos y colectivos que no son interceptados y por la totalidad de los días. 

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Pero no se trata sólo de Rosario; según oportunamente comentaron a LA OPINION los profesionales que atienden la problemática en los espacios públicos, la mayoría de lo que aquí se consume proviene del Conurbano bonaerense que como característica, es de mayor calidad.

Además, Pergamino está a la vera de importantes rutas con conexión internacional por lo que sin lugar a dudas, la mercadería puede llegar por cualquier lado.  

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Fíjese el lector que luego de tres meses de investigación, la Policía salteña descubrió cómo el narcotráfico intentaba pasar 180 kilogramos de cocaína, proveniente de Bolivia, que era llevada en el interior del tanque de un transporte de combustible. El embarque de droga, valuado en venta al menudeo en 2.000.000 de dólares (una cifra para poner pálido a cualquiera), venía hacia el norte de la provincia de Buenos Aires. A nuestra zona. Por eso la noticia nos causa tanta conmoción, porque solo con atar cabos se puede comprender que Pergamino está en medio de un nudo de tráfico desde donde queda y pasa gran cantidad de droga.

Todo comenzó en cercanías de la ciudad de Salvador Mazza, en la frontera con Bolivia. Fuentes de la investigación informaron que el citado camión tanque había ingresado el miércoles pasado. Al pasar por el puesto de control que une el Paso Internacional Salvador Mazza, de lado argentino, y San José de Pocitos (Bolivia), los funcionarios de la Aduana de nuestro país escanearon el camión y no se detectó ninguna sustancia.

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Al día siguiente, el rodado volvió a pasar y fue detenido por personal de la División de Drogas de la policía de la provincia de Salta, que, bajo las órdenes del Juzgado Federal de Orán, nuevamente fue escaneado por personal de la Afip. El trabajo de inteligencia policial tuvo sus frutos: el escáner detectó que en el interior del tanque habían sido almacenados seis bultos y cada uno contenía alrededor de 26 a 32 “ladrillos”, con un peso aproximado a un kilogramo cada uno, por lo que el total del cargamento ronda los 180 kilogramos de cocaína de elevada pureza.

El conductor del camión, de nacionalidad boliviana, aseguró que se dirigía hacia la ciudad de San Nicolás, y quedó detenido a disposición del juez Reynoso, que ordenó una serie de medidas para continuar con la investigación del caso.

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San Nicolás, a escasos 75 kilómetros de Pergamino, prácticamente ciudades hermanas por ser junto a Junín las más importantes del norte bonaerense. Pero además la vecina ciudad cuenta con puerto propio, de modo que la droga una vez allí podría tener cualquier destino, una parte quedara en el interior bonaerense y otra ir al Conurbano o partir en un barco hacia cualquier otro país.

También en la provincia de Salta, un ciudadano israelí fue detenido con cuatro kilos de cocaína ocultos en su equipaje, cuando viajaba a bordo de un micro desde la capital salteña hacia Buenos Aires, donde iba a abordar un vuelo rumbo a su país, según informaron fuentes de la Afip, a cargo del procedimiento.

¿Puede a la luz de los hechos seguir negándose que en Argentina de produce droga? Si bien es una “industria” transnacional, con materia prima procedente de países limítrofes y de la región, todo el proceso de elaboración, refinación y fraccionamiento se hace en nuestro país. Lo demuestran casos como el del israelí, como la mercadería que iba a San Nicolás, presumiblemente al puerto para salir al mundo y las miles de cocinas que fabrican paco a partir de los deshechos de la producción.

Es muy difícil hacer un diagnóstico a futuro respecto de esta problemática, porque así como vimos penetrar la droga sin que nuestras instituciones políticas, policiales y judiciales estuvieran contestes al asunto, ahora vemos que se extiende como una mancha de aceite pero la respuesta es escasa y lenta. 

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Lejos está la luz al final del túnel cuando lo elemental para iniciar la sanación, que es admitir la enfermedad, no aparece en el discurso de nuestros gobernantes.  

 

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