Achique de Gabinete, retenciones a las exportaciones y crisis
Habló el presidente después de un fin de semana con los canales en vivo apostados en la puerta de Olivos, viendo el desfile de funcionarios que iban y venían, mientras se filtraba buena parte de lo que sucedía en la quinta. No solo las medidas se supieron con antelación sino que también se reflejaron las internas entre los macristas, entre los radicales y entre ambos sectores. Se revolearon nombres y cambios en las carteras, y al fin hubo una modificación muy importante en el Gabinete, pero no sorpresas en las figuras que son casi todas las mismas.
La baja más importante que Mauricio Macri debió conceder, a su pesar dicen, es la de los vicejefes de Gabinete Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, mientras salvó de la guillotina a Marcos Peña. El tridente era cuestionado por propios y extraños como responsables de muchos de los errores económicos generados. En ese lugar va Andrés Ibarra, un dirigente que viene del Ministerio de Modernización y que conoce al presidente desde los 20 años y goza de su plena confianza.
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Ya el lunes sobrevino el anuncio oficial, obviamente ya sin sorpresas. Tanto por las filtraciones previas como por lo lógico de las medidas. Eran las obvias, de sentido común. Porque si de rascar la olla se trata para ajustar los números, el sector exportador era el resquicio indicado para obtener algo. Al fin, es la única área de la economía nacional que se ve beneficiada con la devaluación. Además, con una economía interna recesiva y asfixiada de impuestos, no había margen para extraer recursos ni ajustar de otro lado. Tocar las partidas asistenciales tampoco era una opción. Si el Gobierno tiene que soportar los enojos sociales de la hora, que no sean precisamente de los sectores medios y bajos, que ya no dan más. Dicho en criollo, que se banquen las puteadas de los de arriba. Por lo demás, el achique de la estructura nacional era una asignatura pendiente ya desde que se firmó el acuerdo con el FMI y se planteó la urgencia de reducir el gasto público.
Los anuncios de Macri, luego explicados por el ministro Dujovne, responden entonces a una lógica total, tanto en lo práctico como en lo gestual. Porque una reducción en el número de ministerios y la fusión de otros no redundará en un ahorro significativo (aunque todo suma) pero es gesto de austeridad en medio de la tormenta, un gesto muy importante de cara a la sociedad y también al mundo financiero. De los 22 ministerios (antes del kirchnerismo y por muchos años fueron solo nueve, y el país andaba) quedan 11 y el resto pasa a ser secretarías. Esto implica algo más que no pagar un salario de ministro sino que importa un control más estricto de los presupuestos ya que las secretarías no son autónomas en el manejo de los gastos sino que dependen, precisamente, de los ministerios. Además se reducirán contratados y los artículo 9, empleados informales que se cuentan por decenas en cada ministerio.
De todos los ministerios dados de baja, el que generó protestas en todo el abanico político fue la desaparición del de Salud, por la importancia que tiene el área. La nueva cartera será Desarrollo Social y Salud y seguirá a cargo de Carolina Stanley que también suma a la Anses.
La otra cuestión ya en la línea económica, es la aplicación de un nuevo gravamen a las exportaciones del campo a cambio de la disminución de las retenciones (hasta el 18 por ciento, que era el estadio final de la reducción gradual prevista de concluir en 2019) y a productos industriales que se venden al exterior. La medida es claramente resistida por el campo, cuyos dirigentes ya han salido públicamente a protestar. Sin embargo, en una Argentina donde todos estamos haciendo un enorme esfuerzo (jubilados, clase media, comerciantes y no hablar los sectores de menores recursos) es lógico y procedente que los únicos beneficiados con esta mega devaluación como los exportadores, pongan algo para poder satisfacer un ajuste tan importante como el que se debe hacer. No es lo mismo exportar con un dólar a 28 que con una divisa a 40 pesos, seamos serios. Y que por cada dólar que venden (que incluso puede seguir subiendo) el campo deba dejar tres pesos, no es distorsivo. Al fin, ya tenían retenciones de más de 25 por ciento que bajan a 18, así que en la ecuación, esta decisión del Gobierno no les mueve el amperímetro. La industria quizás sí se vea más perjudicada porque ya carga con demasiados costos productivos y, además, los productos pierden más competitividad aun, en un mercado mundial donde nuestras manufacturas ostentan la mano de obra y logística carísima.
Aunque necesarias, sabemos que no son medidas sanas para la economía, a las que se les debe echar mano solo la emergencia, como la que atravesamos, por eso hay que monitorear que cuando la crisis pase, se levanten las retenciones que ahora se aplicarán. Que no sea como con el impuesto al cheque que Domingo Cavallo lo puso por tres meses y de eso hace casi 18 años.
El discurso de Macri, que encaró temas políticos y económicos, tuvo sus luces y sus sobras. Es bien cierto que el país no puede seguir viviendo por encima de sus posibilidades. Entre las sombras, los especialistas en economía y el periodismo en general hicieron foco en la falta de autocrítica del mandatario. Subieron las tasas de interés en Estados Unidos al ritmo más rápido de los últimos años; China y Estados Unidos iniciaron batalla comercial que perjudicó a países como el nuestro. Todos estos cambios en el mundo no los podíamos prever y los estamos enfrentando de la mejor manera, explicó como causales del presente argentino. Y siguió enumerando factores exógenos: Y cuando pensamos que se habían despejado todas las dudas sobre nuestra capacidad de cruzar al otro lado del río, pasaron cosas que volvieron a sembrar dudas. Una fueron los problemas de Turquía, sobre todo en Brasil, y la otra es el escándalo de los cuadernos, que sin duda constituyen un antes y después para terminar con la corrupción que tanta pobreza nos ha traído. Pero en el corto plazo generan dudas sobre el país y nuestra capacidad de conducirnos con seriedad.
Pero de los errores propios nada.
Otro aspecto a destacar es que con esta devaluación la pobreza va a aumentar, como Macri reconoció, por eso a la Asignación Universal por Hijo (AUH) y otros programas sociales van a recibir un refuerzo en septiembre y diciembre. Lo mismo que los programas alimentarios para comedores y merenderos.
Un momento muy duro en lo personal, del discurso presidencial, fue cuando dijo: Para mí no es fácil. Quiero que sepan que estos fueron los peores cinco meses de mi vida después de mi secuestro pero ni por un minuto dejé de hacer lo que tengo al alcance para enfrentar con ustedes lo que estamos viviendo, porque sé que el mayor esfuerzo, el esfuerzo más grande es el que están haciendo cada uno de ustedes y sus familias.
La oposición que no ha intentado sacar ventaja de la crisis, al menos hasta ahora y veremos qué sucede esta semana si mantienen la misma actitud pacífica, tendrá que sentarse con el presidente esta semana, para seguir en el armado del nuevo presupuesto 2019 a la luz de las nuevas medidas. Pero ese será otro capítulo.
Por el momento, los anuncios necesarios y lógicos pero siempre podemos esperar más; en este caso, al presidente le está faltando abrir el espectro político, salir de la mesa chica y sumar a referentes de la oposición que, como decimos, se han comportado muy bien en este trance. Aunque después termine decidiendo él, porque al fin es el jefe de Estado. Pero tiene que tener ese gesto; los mercados, que con tanto recelo nos miran, también atienden a la cuestión política de un país, a cómo un gobierno se desenvuelve con los que más adelante pueden estar ocupando ese mismo lugar.













