A siete años de la “locura” de un hincha de Douglas arriba de su moto 125c.c

En abril de 2013 Luciano Enrich viajó 1.300 kilómetros de Pergamino a Jujuy en una motocicleta Honda Biz de bajas cilindradas para ver el triunfo del rojinegro sobre Gimnasia por 2 a 0 en la Primera B Nacional. Tardó 18 horas desde nuestra ciudad hasta la provincia norteña. "Fue un viaje eterno pero inolvidable para mí, aunque no sé si lo volvería a repetir", admitió.
El fin de semana del 3 y 4 de abril de 2013 un simpatizante de Douglas Haig viajó 1.300 kilómetros arriba de su moto Honda Biz 122c.c para ver al equipo en Jujuy por el torneo de la Primera B Nacional. A siete años de aquella “locura” por el fútbol y la pasión hacia los colores rojinegros, Luciano Enrich, protagonista de esa historia, dialogó con LA OPINION y brindó todos los detalles de un recuerdo que considera “inolvidable”.
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Ese fin de semana Douglas Haig visitó a Gimnasia y Esgrima de Jujuy en la victoria 2 a 0 del equipo de Pergamino conducido técnicamente por Reinaldo “Mostaza” Merlo. Los goles de esa tarde fueron convertidos por Leandro Gioda y Pablo Mazza, pero afuera de la cancha, la hazaña la había cumplido un simpatizante del equipo al viajar 1.300 kilómetros en una moto de bajas cilindradas.
La voz del protagonista
Enrich, que viajó 18 horas continuas encima de una Honda Biz, le relató a LA OPINION aquella aventura. “Era Semana Santa de 2013. Habíamos planificado un viaje con unos amigos, íbamos a ir en una Kangoo con Maximiliano Aranibe y otros chicos. La idea era ir a Jujuy a pasar todo el fin de semana largo. Ese viernes ‘Maxi’ (Aranibe) me avisó que la camioneta se le había fundido y que no íbamos a viajar”, empezó contando.
“Lucho”, como también se lo conoce, siguió: “Esa fue la primera temporada de Douglas Haig en su vuelta a la Primera B Nacional y yo había ido a todas las canchas, porque justo ese año coincidió en que fue el último año en que los hinchas visitantes pudieron ir a las canchas. Gracias a Dios recorrí casi todos los estadios del país y no me quería perder ese partido”.
Para el joven pergaminense que en ese momento tenía 26 años, la historia continuó así: “Hacía dos meses me había comprado una Honda Biz (125c.c) y ante la negativa de viajar en auto arranqué en la moto. En ese momento trabajaba en una pollería y el sábado a la tarde le avisé al dueño que el domingo no iba a ir a trabajar porque me iba a ver a Douglas Haig. Ese mismo sábado me anoté el recorrido que tenía que hacer y tipo 22:30 comí algo, agarré un bidón, una campera, el casco y salí para la ruta”.
Entrando al domingo, Enrich ya había recorrido sus primeros 100 kilómetros. “A las 12:00 de la noche de ese sábado estaba en Rosario y ya me dolía todo, más que nada el cuello y la espalda. Sabía que iba a ser duro pero seguí. Hice 100 kilómetros más y ya a esa altura no había vuelta atrás, no me podía arrepentir. Me acuerdo que manejé toda la noche, fui por la ruta 34 y crucé toda la provincia de Santa Fe. En momento me había agarrado mucho cansancio y a las 5:00 de la mañana del domingo me agarró el amanecer en Santiago del Estero. Frené, eché nafta, me tomé un café, me lavé la cara y seguí”, recordó.
Cerca de su meta sufrió un pequeño inconveniente, hasta que finalmente dio con el estadio. “200 kilómetros antes de llegar a Jujuy me quedé sin nafta, pero caminé 40 minutos y me encontré con un parador en el medio de la montaña, me vendieron combustible y seguí. Para todo esto eran las 12:00 del mediodía y el partido empezaba a las 16:30. Llegué al estadio y dejé la moto en la vereda de una casa. Me acuerdo que estaba muy cansado, entré al estadio y había unos 100 hinchas de Douglas Haig. Apenas entré hizo el gol Gioda de cabeza”, contó el joven.
En el cierre de la entrevista que mantuvo con LA OPINION, Enrich señaló: “Tardé más o menos 18 horas desde que salí de mi casa y haciendo una sola parada. Cuando terminó el partido salí del estadio y Pablo Mazza con todos los jugadores del plantel me habían juntado dinero para pagarme la nafta. Al principio no quería aceptar la plata, pero después Pablo me la tiró desde la ventanilla del colectivo y no me quedó otra opción que tomarla. Pasé la noche en un hotel y el lunes a las 10:00 pegué la vuelta para Pergamino y tardé exactamente lo mismo en regresar. Fue un viaje eterno pero inolvidable para mí, aunque no sé si lo volvería a repetir. Viajar en moto es lindo pero por tramos más cortos, no ir a Jujuy”.











