Se cumplen 68 años del fallecimiento de Evita, mujer clave de la historia

En su corta existencia y unida al general Juan Domingo Perón, logró infundir su impronta para producir cambios profundos en la política nacional, en beneficio de la clase trabajadora, los pobres y las mujeres, quienes carecían de muchos derechos.
Se cumplen este domingo 68 años de la partida terrenal de una de las mujeres más importantes de la historia argentina: Eva Duarte de Perón. En su corta existencia (vivió solo 33 años) y unida al general Juan Domingo Perón, logró infundir su impronta para producir cambios profundos en la política nacional, en beneficio de la clase trabajadora, los pobres y las mujeres, quienes en aquel tiempo carecían de muchos derechos.
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Evita nació en Los Toldos el 7 de mayo de 1919, hija natural de Juana Ibarburen y Juan Duarte (que los abandonó). En 1930 se trasladaron a Junín en búsqueda de mejorar su situación económica. Evita recordaría años después en su autobiografía que “éramos muy pobres y la capacidad de amor y sacrificio de nuestra madre creció como una inmensa ala que nos cobijó a los cinco hijos”.
En 1935 marchó a Buenos Aires. Vivió en cuartos de pensión y comenzó a desarrollar su sueño de realizar una carrera de actriz. Con solo 20 años ya era tapa de revistas muy populares como Radiolandia.
Con Perón
El 15 de enero de 1944 un terremoto en la provincia de San Juan sumió al país en una tragedia de proporciones. La comunidad de actores se organizó para recaudar fondos. Evita salió a recorrer la calle Florida con alcancías en busca de donativos. El 22 de enero, el coronel Perón -como titular de la Secretaría de Trabajo y Previsión- organizó un gran festival benéfico en el Luna Park, al que asistió junto a unos de sus camaradas, el coronel Imbert, quien era amigo de la actriz. Allí, por su intermedio, se conocieron Perón y Evita. Y comenzó la maravillosa épica de la “abanderada de los humildes”, empeñada en que la justicia social llegara a cada rincón del país.
A partir de 1946 se convierte en nexo entre Perón y los trabajadores. Ella va recabando las sugerencias de los estos últimos y se los transmite al presidente.
La Fundación
Después de un viaje a Europa vino al país para poner en marcha su Fundación, duplicando así la tarea social de apoyo al pueblo. Fue una tarea que ella asumió como propia. Sabía por experiencia personal que para los pobres siempre es tarde.
En esta tarea entregó su vida, cuando el cáncer comenzó a roer su cuerpo, siguió trabajando hasta altas horas de la madrugada –aun pesando 38 kilos- porque “ningún argentino debía ser defraudado por una falta de respuesta”.
El pueblo entendió ese amor desenfrenado, pero no otros sectores de la sociedad, que llegaron a tal punto de odio como para escribir en las paredes “Viva el cáncer”. Ella consumida por la enfermedad, dijo sus últimas palabras: “Gracias Juan”.
Luego secuestraron su cadáver. Al devolverlo 16 años después, en 1971 en Puerta de Hierro (España), abrieron el féretro y resultó evidente que la habían golpeado hasta quebrarle la nariz y hacerle un tajo profundo en el cuello. Tal era el odio y como la contrapartida, la veneración de su pueblo. Perón solo dijo la palabra que correspondía a ese furioso ensañamiento: “¡Miserables!”.












