Rousseff “consternada e indignada” por la ejecución de un brasileño en Indonesia

Marco Archer Cardoso Moreira había sido condenado en 2004 por ingresar más de 13 kilogramos de cocaína en los tubos de un ala delta. La legislación de dicho país asiático en materia de narcotráfico es una de las más severas del mundo.
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SAN PABLO, (AFP-NA) - La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, dijo sentirse consternada e indignada por la ejecución ayer de un brasileño condenado a muerte por narcotráfico en Indonesia y llamó al embajador en el país asiático a consultas.
La presidenta Dilma Rousseff tomó nota -consternada e indignada- de la ejecución del brasileño Marco Archer ocurrida ayer a las 15:31 horario de Brasilia en Indonesia, comienza la nota oficial divulgada poco después de que las autoridades indonesias reportaran la muerte del brasileño, el primero ejecutado en el exterior.
Un pelotón de fusilamiento ejecutó el domingo (aún sábado para el horario brasileño) a seis condenados por narcotráfico, entre ellos cinco extranjeros procedentes de Brasil, Holanda, Vietnam, Malaui y Nigeria, informó a la prensa un portavoz de la fiscalía general en Yakarta.
Con el fin de evitar la muerte del exinstructor de vuelo Marco Archer Cardoso Moreira, Rousseff había telefoneado el viernes al presidente de Indonesia, Joko Widodo, para pedirle como jefe de Estado y como madre que detuviera la ejecución.
La presidenta Dilma lamenta profundamente que ese último pedido, que siguió a tantos otros realizados en los últimos años, no haya tenido acogida por parte del jefe de Estado de Indonesia, tanto en el contacto telefónico como en la carta enviada, posteriormente, por Widodo, reza el escrito.
Rousseff, que comunicó sus condolencias a la familia del fallecido, llamó a consultas al embajador brasileño en Yakarta.
El recurso a la pena de muerte, que la sociedad mundial crecientemente condena, afecta gravemente las relaciones entre nuestros países, afirma el comunicado mandado tras la ejecución.
Moreira, nacido en Río de Janeiro hace 53 años, fue condenado en 2004 por ingresar más de 13 kilogramos de cocaína al país asiático en los tubos de un ala delta.
El gobierno de Indonesia negó en dos ocasiones sus pedidos de clemencia, el último en diciembre de 2014. El gabinete de Rousseff, por su parte, llegó incluso a solicitar por carta la ayuda del Papa Francisco.
Desde que se conoció que Moreira formaría parte de los primeros fusilados bajo el gobierno de Widodo, que asumió el cargo en octubre, los medios brasileños han seguido con mucho interés los últimos días del primer compatriota ejecutado en el exterior.
Una tía del condenado pudo visitarlo horas antes de la ejecución, según recoge la prensa local.
Las autoridades de Cilacap, localidad en la isla de Java cercana al lugar de las ejecuciones, retuvieron ayer sin embargo los pasaportes de un periodista y un cámara de la cadena Globo.
La legislación indonesia en materia de narcotráfico es una de las más severas del mundo. Es un delito castigado con la pena de muerte o la prisión perpetua.
Otro preso brasileño, Rodrigo Muxfeldt Gularte (42), también en la cárcel desde hace diez años por ingresar cocaína al país, será ejecutado en febrero.
















