Nueva época, nuevo estilo, misma cantaleta y mismos problemas
Las divergencias entre el presidente y sus vice no son habituales, pero tampoco poco probables. Por lo menos así lo demuestra nuestra reciente historia. Desde 1983 las fórmulas presidenciales han pasado desde ser fenómenos políticos y cohesiones partidarias, hasta el caso donde el vicepresidente tuvo más poder real que el...

Las divergencias entre el presidente y sus vice no son habituales, pero tampoco poco probables. Por lo menos así lo demuestra nuestra reciente historia. Desde 1983 las fórmulas presidenciales han pasado desde ser fenómenos políticos y cohesiones partidarias, hasta el caso donde el vicepresidente tuvo más poder real que el presidente en ejercicio.
Alfonsín/Víctor Martínez, Menem/Duhalde, Menem/Ruckauf, De La Rua/Chacho Alvarez, Nestor Kirchner/Daniel Scioli, Cristina Kirchner/Julio Cobos, Cristina Kirchner/Amado Bodou, Macri/Gabriela Michetti, Alberto Fernández/Cristina Kirchner y ahora Javier Milei/Victoria Villarruel.
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Solo por tomar algunos ejemplos, Menem y Duhalde terminaron siendo adversarios políticos, a De La Rúa le renunció con poco tiempo de haber iniciado el gobierno, su socio de la Alianza Chacho Alvarez. Algo parecido sucedió con Cristina Kirchner cuando Julio Cobos votó en contra de la 125 y pasó al ostracismo total en su gobierno; y para coronar los episodios de "vices" díscolos, el pasado gobierno de Alberto Fernández, contó con una vice que le dirigió el gobierno desde las sombras.
El caso de Victoria Villarruel y Javier Milei no se presenta como extraño si tenemos en cuenta nuestra reciente historia. Los dos se unieron como parte de una estrategia electoral; especialmente a Javier Milei le convenía en ese contexto tener a una mujer que se presentaba de manera prudente en los medios de comunicación, como la promesa de mesura ante su puesta en escena en el marco de la campaña política.
Hoy, parecen circundar caminos separados; que con la excepción del caso de Chacho Alvarez (que renunció), algunos de nuestros vices pasan a la oscuridad del poder.
Villarruel llevó sus adeptos en el preciso momento donde Milei salió a festejar su victoria, luego intentó tener injerencia en la cartera de Defensa; después pareció negociar con Cristina Kirchner parte de los votos del Senado y ahora, de manera intempestiva llamó al tratamiento del DNU en la Cámara alta.
Por supuesto que hay una discusión jurídica; quienes están de acuerdo, sostienen que por el artículo 99 Incuso 3 de la Constitución Nacional todos los DNU tienen que ser sometidos por el Jefe de Gabinete dentro de 10 días a la comisión para su tratamiento. Lo regula la Ley 26.122 y luego de que la comisión emita dictamen ambas cámaras deben expedirse, de acuerdo al artículo 22 de la ley. La Bicameral hace tiempo que habilitó a ambas cámaras a expedirse. Diputados todavía no se reunió y consiguió que ocurra en la Cámara de Senadores.
Se solicitó el tratamiento del DNU en una sesión pública especial, cumplimentando el requisito de cinco o más senadores del art. 19 del Reglamento Parlamentario de la Cámara de Senadores.
Quienes no están de acuerdo, sostienen que el reglamento del Senado no obliga, como sí lo hace el reglamento de la Cámara de Diputados. Lo cual hace por lo menos pensar la cuestión de fondo.
El vicepresidente tiene una función: ser presidente del Senado. Pero también tiene un rol: ser el vicepresidente del presidente.
Esa dualidad de función y rol, es lo que hace a la relación de Villarruel con Milei como mínimo tensa.
Si el vicepresidente integra la fórmula presidencial y es parte del ejecutivo, ¿puede excusarse por su función legislativa?. Así lo hizo Cobos en el tratamiento de la 125. Esa dualidad entre función y rol del vicepresidente es la que se utiliza cuando el matrimonio electoral está en crisis. El presidente lo sabe, por eso, incluso, está dispuesto a tirarse un tiro en la pierna, para preservar el rumbo que se planteó en la campaña electoral.












