Milenario sitio arqueológico en el noreste de La Rioja

La Reserva Natural Cultural Sitio Arqueológico de Hualco se encuentra en el extremo norte del cordón del Velasco, con vista al imponente macizo de Famatina al otro lado del valle. Este sitio arqueológico perteneció a la Red Vial Diaguita.
San Blas de los Sauces, (Telam) - Gustavo Espeche Ortiz. Más de mil años después de su construcción, el pucará de Hualco es aún el mirador ideal para dominar todo el Valle Vicioso y el pueblo de San Blas de los Sauces, en el noreste de La Rioja, aunque su principal atractivo son los restos arqueológicos del centenar y medio de construcciones de piedra de su época de esplendor.
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La Reserva Natural Cultural Sitio Arqueológico de Hualco -tal su nombre oficial- se encuentra en el extremo norte del cordón del Velasco, con vista al imponente macizo de Famatina al otro lado del valle.
Este sitio arqueológico perteneció a la Red Vial Diaguita, hasta que los incas invadieron y sometieron a estos primeros habitantes e incorporaron el estratágico pucará a su imperio, aunque no al Camino del Inca. Durante estos días de invierno las construcciones permanecen en sombras hasta las primeras horas de la mañana, ya que el sol asoma a espaldas de la ciudadela y encandila a los visitantes, que deben iniciar la subida desde el este, donde está la entrada a la reserva.
Una excursión ideal es partir temprano de San Blas de los Sauces, pueblo cabecera del departamento del mismo nombre, unos 8 kilómetros al norte. En el cerro, el sol brillay derrite la escarcha que cubre cardones y los pocos arbustos que crecen en el ocre y árido terreno pedregoso, pero el pueblo permanece a lo lejos invisible bajo una blanca capa de nubes que lo mantiene en penumbras hasta casi el mediodía.
El ascenso hacia el pucará demanda un trekking de mediana dificultad en una subida suave de unos 600 metros desde la base, con algunas sinuosidades y bifurcaciones de sus senderos y escalones de piedra.
Durante este trayecto, vale la pena detenerse de a ratos a contemplar el paisaje a las espaldas, con el valle Vicioso, con plantaciones de vides para pasas y de pistachios, y la ruta Nº 40 que atraviesa la planicie y se aleja solitaria y para girar a la derecha justo antes de llegar al horizonte, junto a las serranías del Famatina.
De a poco, comienzan a aparecer las bases y paredes bajas de unas 150 construcciones preexistentes de las cerca de 300 que ocupaban el lugar y albergaron a unos mil habitantes en la época de plenitud del imperio inca del sur.











