Las más famosas pinturas rupestres del país atraen a numerosos turistas

El lugar que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999 se halla en la provincia de Chubut y es conveniente visitar un centro de interpretación antes de ir a la Cueva de las Manos, lugar al que se llega por un par de caminos de ripio desde la ruta Nº 40 a ambos lados del cañón del río Pinturas.
Buenos Aires, (Telam) - Por Abel Sanabria. Las pinturas rupestres de la Cueva de las Manos, en medio de la meseta de Santa Cruz, conmueven a los miles de turistas que las visitan cada año en el cañadón del río Pinturas, de 150 kilómetros de largo y un ancho promedio de 500 metros.
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El lugar, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999, cuenta con un centro de interpretación que es conveniente visitar antes de ver las pinturas, al que se puede llegar por un par de caminos de ripio desde la ruta Nº 40, a ambos lados del cañón.
Marisa Blanco, la coordinadora de Turismo de Perito Moreno, en cuya jurisdicción está la cueva, detalló que de septiembre de 2014 a abril del 2015 visitaron la caverna 14.136 turistas en tanto que en esta temporada ya llegaron 7.969, desde septiembre del año pasado.
Las pinturas se encuentran en la pared norte del cañón y se despliegan a lo largo de casi 600 metros que se recorren en pasarelas limitadas por rejas con las que las protegen, al punto de que no se pueden fotografiar con flash.
El cauce del río, ahora con exóticos sauces y álamos, garantizaba agua y cobijo a los huemules y guanacos que buscaban los patagones, hace unos 10 mil años, de manera que la zona pasó a ser un buen lugar para cazar en grupo, alimentarse y tratar las pieles de las presas en las cuevas de la parte alta.
Instalados allí los aoniken, por razones que aún se investigan comenzaron a pintar las paredes de piedra -mil años después que las de las Cuevas de Altamira- y esa tarea se extendió hasta la Edad Media europea, casi mil años antes de que Cristóbal Colón llegue a América.
Las primeras pinturas hechas con materiales recogidos de las montañas de la zona datan de 9.300 a 7.300 años y representaban sobre todo escenas de caza de guanacos por grupos de patagones que les lanzaban piedras redondeadas y atadas a tientos para que tengan más velocidad y fuerza. Los cazadores eran nómades e iban a las cuevas en grupo con sus respectivas familias, lo que se evidencia porque entre las manos de hombres adultos muy grandes aparecen claramente otras más pequeñas, de mujeres, y hasta niños.
El motivo de las pintadas no es claro y hay varias explicaciones: una forma de apropiación del lugar, un rito de iniciación en la caza, una forma identificación del grupo, un modo de trascendencia o sólo dejar una huella, pero está claro que al menos hubo tres o cuatro estilos que se manifestaron allí con el paso del tiempo.
Estas son la estilística A, sobre todo de escenas de caza de guanacos, con bolas pampa, de los primeros tiempos; la B, donde recuerdan arreos, de 7.300 a 3.000 años de antigüedad; la B1, de 5.300 años, con formas más variadas y abstractas, y la C, de 1.300 años, con dibujos en su mayoría geométricos y un llamativo bailarín en movimiento.













