La importancia de no perder la brújula

Por Santiago Vattuone (#)
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Las caídas abruptas en el precio de las acciones como las que se observaron en la Argentina en los últimos meses ponen a prueba la personalidad de los inversores. Estos fuertes movimientos en las cotizaciones son oportunidades para hacer introspección y analizar cuál es nuestro perfil de inversión. Para analizar este tema, presentamos aquí un informe realizado por el equipo de investigaciones del Grupo Transcambio.
En el caso de la inversión en acciones (participaciones en empresas), suele haber dos perfiles de inversores. Un primer tipo de inversor, compra y vende acciones para timbear, lo que profesionalmente se conoce como invertir en volatilidad, y lo que busca es aprovechar el momento para comprar a la espera de una recuperación de corto plazo. Al respecto, si observamos las caídas históricas similares, encontramos que la recuperación mediana del índice Merval en dólares (aquella que deja la mitad de las recuperaciones como de menor y mayor plazo respectivamente), es algo mayor a un año. Sin embargo, se observa que la duración de las recuperaciones es muy variable, principalmente por la lentitud de recuperación de las caídas de 1992 y 1998, ya que en estos años el Merval alcanzó valores máximos que tardaron años en recuperarse.
Una segunda clase de inversores compra acciones porque quiere preservar el valor de sus activos con algún fin y/o para alguien en el futuro, y cuenta con un plazo de inversión superior a la mediana de las crisis. Son los que llamamos inversores en valor. Para ellos, las acciones son un buen instrumento para cumplir esos fines, ya que son derechos a un flujo futuro de dividendos de una empresa o grupo de empresas, o al menos un aumento de su valor porque se acumulan activos valiosos. Sin embargo, es importante destacar que para aquellas personas que por distintos motivos deben deshacer su inversión de forma no anticipada, las experiencias bursátiles pueden ser buenas o malas, en función de cómo se encuentre el mercado accionario circunstancialmente. En cambio, para aquellos inversores que disponen de fondos y que no esperan tener que usarlos, la situación es distinta.
El cuadro Nº 2 revela que en todos los casos, los retornos son positivos en dólares. Los plazos de 5 y 15 años son los que mejores retornos otorgaron ya que coinciden con la recuperación de la bolsa luego de las crisis de 2012 y 2001, respectivamente. En el caso de un inversor que compró acciones en 2008, se observa que ganó solamente 62% en dólares, lo que no parece alentador, salvo si se considera que la compra fue hecha justo antes de la mayor crisis bursátil mundial de los últimos 80 años. Sin embargo, no todas son buenas noticias. El cuadro también revela que en todos los plazos el inversor hubiera tenido días de pérdida de capital en el proceso de inversión, sobre todo el que invirtió en 2008. Si estos malos momentos hubieran confundido a un inversor en su objetivo de largo plazo, bien podría haber salido de la inversión a pérdida respecto de su precio de compra.
Es clave, por lo tanto, conocer si uno es o no un inversor de largo plazo que puede superar las noticias malas de corto.
En lo financiero, como en la vida, es central conocer nuestro objetivo y el plazo para cumplirlo.
(#) Director del Grupo Transcambio.











