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La estética en contraposición a la vida

22 de marzo de 2014 a las 12:00 a. m.

Recientemente, y luego de una larga agonía, una mujer de tan sólo 39 años perdió la vida por haberse inyectado silicona liquida (polimetilmetacrilato) en sus glúteos. Contemporáneamente una diputa introdujo un proyecto de ley pretendiendo restringir las cirugías a menores de 18 años, con motivo de evitar más muertes absurdas poniendo sobre la mesa un debate muy interesante para toda la sociedad en su conjunto.

La estética de a poco se ha ido transformando en un parámetro rector de la felicidad propia y ajena, dado que desde muy chicos los niños son idealizados por su belleza física más allá de su bondad o inteligencia, llegando a extremos absurdos de plantearse cirugías mamarias a nenas de tan sólo 15 años con el consentimiento de sus progenitores.

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La belleza tiene que ver con la proporción, con el sentimiento, con la idealización de una imagen a través de una obra de arte, es decir, que encontramos belleza en una flor, paisaje, persona, animal u objeto inanimado. No es un concepto aplicable únicamente al ser humano, sin embargo pretendemos egoístamente medirlo en términos tan absolutos que nos hacen perder de vista la individualidad de las personas y con esa visión sesgada caemos en la muerte por verse “más lindo”.

Dentro de esta concepción la diputada Brawer presentó un proyecto con fines de limitar las cirugías estéticas a menores de 18 años para preservar su salud física y psíquica, sin embargo son tantos los límites y dificultades que debe sortear el proyecto que no le encuentro a corto plazo mayor suerte que el debate que nos produjo a todos en la familia. 

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Nadie puede desconocer que toda cirugía contiene riesgos, sea con fines estéticos o de urgencia. Sin embargo los riesgos debieran ser reducidos al cumplirse con la legislación (Ley sobre derechos del paciente Nº 26.529) o por ejemplo, que la cirugía sea en las instalaciones adecuadas, con la realización de estudios pre-quirúrgicos y  medicación.

Asimismo debemos diferenciar las cirugías que son practicadas por un profesional médico de aquellas que se realizan por otra persona, dado que la responsabilidad profesional tiene determinados límites que no se pueden superar y a su vez, contiene recaudos o protecciones no sólo para el paciente sino para el mismo galeno que interviene. Un claro ejemplo es el seguro médico que no sólo protege el patrimonio del profesional, sino que asegura que el paciente cobre una indemnización por el daño sufrido.

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El Código Civil contempla la relación médico-paciente dentro de las obligaciones de medios, es decir que no se asegura el resultado exitoso de la cirugía, pero sin embargo si esta es con fines estéticos cabe preguntarse que correspondería si la belleza no tiene parámetro de medición. Podemos limitarlo a un concepto de tener la nariz parecida a tal o dotarnos de una prótesis de tales medidas y, el resultado dañoso se medirá únicamente en dinero. Distinto es la responsabilidad penal, dónde se pondrá en juego el saber y la debida diligencia del profesional, hasta el descaro de aquel que pretende realizar una cirugía sin siquiera haber estudiado medicina.

En definitiva todos debemos preguntarnos si vale la pena morir por cumplir con un mandato o parámetro social, parecería que no. Sin embargo son tantas las muertes absurdas que bien vale pedirle una ayuda al legislador y principalmente a la educación, para que con herramientas diferentes podamos diferenciar lo banal de lo importante.

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