La argentina “El ciudadano ilustre”, fue Goya a la mejor película iberoamericana

El film suma un nuevo galardón, tras cosechar el premio del jurado joven en el último Festival de Venecia, el pasado septiembre. Gastón Duprat -uno de los directores- agradeció especialmente al actor protagonista, Oscar Martínez, que fue parte fundamental.
MADRID, (AFP-NA) - Con su crítica ácida de los males de la sociedad argentina, El ciudadano ilustre» se impuso ayer en la categoría de mejor película iberoamericana en los premios Goya, en España.
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En la 31ª edición de los Goya, los Oscar del cine español, la cinta se impuso a Desde allá del venezolano Lorenzo Vigas, Las elegidas, del mexicano David Pablos y la colombiana Anna, de Jacques Toulemonde.
La película dirigida por Gastón Duprat y Mariano Cohn suma un nuevo galardón, tras cosechar el premio del jurado joven en el último Festival de Venecia, el pasado septiembre. Allí, su protagonista, Oscar Martínez, ganó la Copa Volpi al mejor actor.
Además, consagra el dominio argentino en esta categoría de los Goya, donde el año pasado se impuso El clan de Pablo Trapero y en 2015, Relatos salvajes de Damián Szifron.
Tras recibir el premio, Duprat agradeció especialmente al actor protagonista, Oscar Martínez, que fue parte fundamental de la película.
El ciudadano ilustre, con gran éxito de público en Argentina, relata el regreso contrariado a su pueblo natal de Daniel Mantovani, el primer escritor argentino laureado con el premio Nobel de Literatura.
Martínez encarna a un escritor ensimismado en su trabajo, que desde hace 40 años vive en Europa. Reside en una lujosa mansión en Barcelona, donde recibe con hastío innumerables invitaciones a hablar en diversos eventos en el mundo entero.
Las desecha todas, pero cediendo a la nostalgia, decide aceptar una invitación a su Salas natal, un pueblo ficticio de la provincia de Buenos Aires.
Allí, el laureado escritor descubrirá con dolor que entre él y sus coterráneos hay todo un abismo.
El dúo director y el guionista Andrés Duprat, hermano de Gastón y director del Museo de Bellas Artes de Buenos Aires, despliegan una rica galería de personajes -la exnovia amargada en su matrimonio con un vecino, el alcalde ignorante y oportunista, el presidente fascistoide de una sociedad de pintores-, que encarnan una brutalidad de la que Mantovani ha estado huyendo desde los 20 años.
Como un Ulises incomprendido al volver a su patria, Mantovani saldrá escaldado de su regreso a Salas, pero al menos la experiencia le valdrá en el filme para escribir una novela, que es el material de El Ciudadano ilustre.












