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Fiesta de la Anunciación del Señor

26 de marzo de 2014 a las 12:00 a. m.

La Anunciación a María representa mucho más que ese particular episodio evangélico, por otro lado fundamental: contiene todo el misterio de María, toda su historia, su ser, y al mismo tiempo habla de la Iglesia, de su esencia para siempre; como también de cada creyente en Cristo, de cada alma cristiana llamada. 

En este punto debemos tener presente que no hablamos de personas del pasado. Dios, el Señor, nos ha llamado a cada uno de nosotros, cada uno es llamado por su nombre. Dios es tan grande que tiene tiempo para cada uno de nosotros.

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Cuando el ángel vino a María en la Anunciación buscaba a la elegida y amada de Dios para realizar la redención del hombre por el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios en nuestra carne mortal. Entonces como ahora descubrimos con asombro el hecho de que Dios nos ha elegido para realizar la misión divina de encarnar a Cristo y de darle a las almas. 

Frente a esta misión quizás sintamos el temor de comprometeros en tan gran responsabilidad, mas Él nos conforta con estas palabras: “No temas, porque has hallado gracia a los ojos de Dios”. El Señor nos pide poder, inteligencia, ingenio... en los cuales el mundo funda su seguridad; Él se encarga de todo eso. Cristo solamente pide de nosotros, como pidió de María, un confiado “hágase en mi según tu palabra”. Y entonces el que es todopoderoso también hará grandes cosas en vosotros, bajo la guía del Espíritu Santo. 

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La Anunciación del ángel a María es uno de los misterios más contemplados y meditados por los cristianos. Se explica porque en él se encierran tanto el amor de Dios a María (y en ella a todos los hombres) como el amor de María (y con ella de todos los hombres) a Dios Nuestro Señor. Llamada y respuesta, revelación y acogida, elección y responsabilidad, misión y compromiso.

Vivir es ser llamada y amada por alguien para algo... para una misión. Todo hombre y toda mujer nacen para... Nacen en el corazón de Dios para realizar su plan eterno, y su camino por la vida debería ser un sueño de Dios realizado en la historia. La llamada es segura, cierta, constante. ¿Y la respuesta? 

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A los hombres nos da miedo comprometer el futuro. Nos da miedo hipotecar nuestra persona a causa del Evangelio, sin otra garantía que la voz misteriosa de una llamada y de una elección. También María, la elegida y predilecta de Dios, se turbó, sintió el cosquilleo del miedo. Pero a ella el miedo no la inhibió ni paralizó su búsqueda de lo que Dios quería.  El Señor nos pide sólo una respuesta libre, amorosa, consciente, generosa. Nuestro “hágase”, como María, lo hemos de pronunciar bajo la guía del Espíritu Santo, verdadero timonel de tu barca en el mar de la vida, Maestro interior que enseña sabiduría divina, y acompaña y ayuda a vivir lo que enseña.

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