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El tercer escalón del crecimiento: animarte a hablar de riqueza

Si llegaste hasta este punto del camino, ya hiciste algo enorme. Superaste el temor inicial. Te enamoraste de tu producto, de tu propuesta, de lo que estás construyendo. Y ahora aparece un escalón que incomoda a muchos emprendedores. Un escalón del que se habla poco, o se habla mal: la...

16 de enero de 2026 a las 01:49 p. m.
El tercer escalón del crecimiento: animarte a hablar de riqueza

Si llegaste hasta este punto del camino, ya hiciste algo enorme.

Superaste el temor inicial.

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Te enamoraste de tu producto, de tu propuesta, de lo que estás construyendo.

Y ahora aparece un escalón que incomoda a muchos emprendedores.

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Un escalón del que se habla poco, o se habla mal: la riqueza.

Porque cuando digo riqueza, no hablo solo de dinero.

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Hablo de sostenibilidad.

De continuidad.

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De futuro.

Emprender sin pensar en riqueza es como construir una casa sin cimientos. Puede verse linda por fuera, pero no resiste el tiempo.

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En este tercer escalón aparece una pregunta clave:

¿Cómo va a entrar el dinero a tu emprendimiento?

No alcanza con producir bien.

No alcanza con brindar un excelente servicio.

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No alcanza con que “te encante lo que hacés”.

Tenés que pensar —con claridad y sin culpa— en tu modelo de negocio.

¿Cómo te van a pagar?

¿Una sola vez?

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¿Con una suscripción?

¿Con servicios recurrentes?

¿Con repuestos, actualizaciones, mantenimiento?

Y, sobre todo:

¿Por qué alguien estaría dispuesto a pagar por eso?

Este momento del camino suele generar resistencia.

Muchos emprendedores sienten que hablar de dinero “ensucia” la idea.

Pero la verdad es otra:

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si nadie paga, no hay emprendimiento. Hay hobby.

El modelo de negocio no es producir ni ejecutar.

Es otra actividad.

Es pensar lo comercial.

Es decidir cómo tu propuesta se transforma en ingresos reales.

Y acá aparece otra gran pregunta:

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¿Podés hacerlo solo?

¿O necesitás asociarte con alguien que complemente lo que vos no tenés?

Asociarse no es debilidad.

A veces es visión.

Entender que emprender no es hacerlo todo, sino armar el mejor equipo posible para que el proyecto crezca.

Este tercer escalón te obliga a madurar.

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A salir del “me gusta lo que hago”

y entrar en el “quiero vivir de esto”.

Pensar en riqueza no te aleja de tu propósito.

Lo sostiene.

Porque un emprendimiento que genera ingresos puede mejorar, escalar, impactar y durar.

Y uno que no… se agota.

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En la próxima columna vamos a hablar de lo que pasa cuando el dinero empieza a entrar y el emprendimiento deja de ser solo una idea personal para convertirse en algo que el mercado valida.

Seguimos subiendo la escalera.

Un escalón a la vez.

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