El pueblo se revela en Fuente Ovejuna
Hace pocos días una noticia sacudió la ciudad de Rosario cuando un grupo de vecinos hizo justicia por mano propia dando muerte a un delincuente de tan sólo 18 años, que minutos antes había robado la cartera de una madre veinteañera.
De la pluma de don Lope de Vega en 1612 nace “Fuente Ovejuna” una obra con gran contenido social y reivindicativo, dado que presenta la rebelión de un pueblo unido ante la tiranía y la injusticia expuestas crudamente a finales del siglo XV. Este pueblo buscó justicia matando al señor feudal que los sometía violentamente, para luego pedirles a los Reyes Católicos que sea perdonado su accionar. No hubo un culpable individual, sino todo el pueblo unido.
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En Rosario, en cambio, no fue todo el pueblo pero parecía que esta reacción de las víctimas transformándose en victimarios bien podría ser parte de un barajar y dar de nuevo, donde las personas comunes reaccionen ante la injusticia obligando al sistema represivo a dar respuesta, si es que las autoridades no pueden generarlo.
La compleja trama social de un país, provincia o ciudad nos proponen un análisis demasiado profundo como para culpar de todos los males a la delincuencia que nos saquea diariamente en cada esquina, pero un suceso de estas características vale analizarlo y destacarlo de las continuas noticias policiales. Aquí hubo una tentativa de robo, pues desapoderan a una mujer de su cartera con violencia física, que no llega a concretarse por el accionar de los vecinos que a golpe de puño dan muerte al delincuente.
Las autoridades policiales no llegan a tiempo, ni para prevenir el delito, ni para poner en orden a la “fuente ovejuna” que durante media hora molió a golpes a modo de pena-castigo al delincuente. Habrá que ver cómo deviene la investigación y la caratulación del hecho, pero bien podría darse la figura de homicidio en riña.
Conforme el artículo 95 de nuestro Código Penal, cuando en riña o agresión en que tomaren parte más de dos personas, resultare muerte, sin que constare quiénes las causaron, se tendrá por autores a todos los que ejercieron violencia sobre la persona del ofendido y se aplicará reclusión o prisión de dos a seis años en caso de muerte.
Es decir, que todos aquellos que participaron haciendo justicia por mano propia podrían recibir una pena de 2 a 6 años de prisión, demostrando que hay límites que los ciudadanos no debemos superar sin importar la justificación que tengamos. Algunos pedirán la aplicación de figuras como la legítima defensa que justifiquen una violencia de este tipo, pero acá son los testigos quienes la ejercen, haciendo caer esta posibilidad.
En consecuencia vale volver a preguntarse si el pueblo puede o debe hacer justicia por cuenta propia cuando las autoridades no hacen lo suficiente para combatir un flagelo tan urticante como el delito. Yo creo que no, la violencia conlleva más violencia y terminaremos escalando en una espiral lamentable de odio y armas, vulnerando en definitiva lo que más debemos cuidar, los derechos y garantías que nuestra Constitución nos pretende dejar.











