El nuevo mapa social de la Argentina: fuerte recorte del gasto y giro hacia la focalización
Durante el primer año de gobierno de Javier Milei, Argentina atravesó una transformación significativa en su esquema de políticas sociales. Según un informe reciente elaborado por CIAS y Fundar, 2024 cerró con un ajuste del 14,2% real en la inversión social no contributiva, lo que configura el recorte más fuerte...

Durante el primer año de gobierno de Javier Milei, Argentina atravesó una transformación significativa en su esquema de políticas sociales. Según un informe reciente elaborado por CIAS y Fundar, 2024 cerró con un ajuste del 14,2% real en la inversión social no contributiva, lo que configura el recorte más fuerte desde la crisis de 2002.
Cambio de ciclo en la política social
A diferencia de etapas anteriores, donde el rol del Estado se expandía como garante de inclusión a través del gasto, la estrategia actual se centra en reducir el déficit fiscal y rediseñar el gasto público. La transformación responde a un nuevo paradigma de política económica y social, que prioriza la asistencia directa, la focalización y la reducción de la intermediación.
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En ese marco, algunos programas se consolidaron, mientras que otros se desactivaron o redujeron fuertemente. La reorganización no fue homogénea: hubo ganadores y perdedores en el mapa de las transferencias sociales.
Niñez: el único rubro que crece
La única población que vio crecer la inversión real en 2024 fue la infancia. La Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar crecieron un 47,5% y 15,5% respectivamente, fortaleciendo la cobertura básica de alimentación y protección para niños y niñas en hogares vulnerables. Esta orientación refuerza una lógica de focalización hacia las primeras etapas de la vida como prioridad estatal .
Fuerte ajuste en programas laborales y educativos
En el otro extremo, los jóvenes y adultos fueron el grupo más afectado por el recorte. Los programas Potenciar Trabajo y Progresar –referentes de las políticas de inclusión laboral y educativa– redujeron su presupuesto en términos reales en un 59,8% y 63,3% respectivamente. También se interrumpieron otras líneas de subsidio al empleo, como REPRO y Te Sumo.
La lógica que orientó estas decisiones parece responder a una visión de transición: el Estado se retira del sostenimiento de ingresos para adultos en edad laboral y focaliza en garantizar piso alimentario y escolaridad en la infancia.
Adultos mayores: caída con contención relativa
Las jubilaciones no contributivas y moratorias previsionales también experimentaron una caída del 9,3% en términos reales, aunque menor respecto a otros rubros. Se mantuvieron los programas principales, pero con ajustes en los montos reales, reflejando un equilibrio entre la necesidad de orden fiscal y la preservación de un piso básico de cobertura.
Un nuevo patrón de asistencia
Lo que emerge del informe es un nuevo patrón distributivo: un Estado que prioriza intervenciones de emergencia, refuerza la asistencia a la infancia y ajusta fuertemente los mecanismos de inclusión productiva para adultos.
En esta reorganización, la intermediación de organizaciones sociales perdió peso y la asistencia queda más centralizada y automatizada, con fuerte presencia de la AUH y la Tarjeta Alimentar como instrumentos nodales.
Un dato de época
El recorte del gasto social no contributivo de 2024 se inscribe en un cambio más amplio del rol del Estado, en línea con un nuevo ciclo político, económico y social. Las prioridades se reconfiguran y la pregunta central ya no es solo cuánto se gasta, sino cómo y en quiénes.











