Publicidad
Pergamino
La Opinión Online
LO CampoLO Sports
BuscaLOLO365
Opinión

El juego de las mayorías y minorías

07 de noviembre de 2018 a las 12:00 a. m.

Dejemos de entrada aclarado lo obvio: el respeto a las minorías es una de las claves del avance de nuestra civilización, y las sociedades que ahondan en esta senda son las de un mayor bienestar. A la vez, es evidente que aquellos territorios donde las minorías son vapuleadas (y los ejemplos sobran), suelen ser espacios de violencia generalizada en los que hasta incluso sobrevivir es una hazaña.
Sin embargo, una cosa es el respeto de a las minorías y otra muy distinta es el fenómeno que se percibe -en distintos formatos y áreas– a lo largo y ancho de nuestra baqueteada vida nacional: la “dictadura” de las minorías.
Aunque parezca claro y sencillo, es muy complejo el juego de las mayorías y las minorías en las democracias del Siglo XXI. Hay temas que interpelan más que otros esta relación, como los piquetes por ejemplo. Aunque los protagonistas sean un representativo, siempre se trata de una minoría que manifiesta un reclamo que, aunque justo, afecta a la mayoría, con cortes de calles, puentes o rutas.
Como esta problemática es claramente argentina, no registrándose el mismo comportamiento ante la necesidad de visualizar una queja en otras partes del mundo, no tenemos estudios de universidades prestigiosas que indiquen el origen sociológico de este sistema de protesta. Pero lo cierto es que esas minorías termina imponiéndose a la mayoría, transformando a la Ciudad de Buenos Aires en un caos diario, porque no ha habido gobierno que se haya animado a iniciar un camino de represión (en el sentido legal de la palabra) del piquete que no pudiera terminar generando una escalada de violencia. Y es así como desde el 2001 hasta la fecha la mayoría porteña y bonaerense soporta a la minoría piquetera que se les impone a para fuerza bruta.
Cuando hablamos de “dictadura” de las minorías nos referimos a un avance desproporcionado y muchas veces a la fuerza de varios postulados de pequeños sectores sociales que buscan imponer su agenda, sus modos o sus derechos –legítimos y coherentes para el mundo interno de cada uno de esos grupos– para toda la sociedad que los circunda.
Es decir que se pretende ya no solo el respeto a las minorías –algo indiscutiblemente valioso y apropiado–, sino que algunas de estas minorías avasallen los derechos de las mayorías, algo que sin dudas dista de ser aceptable. Por eso la referencia inicial a los cortes de calle por reclamos sectoriales: el derecho de esa minoría de peticionar, manifestar y demás, es legítimo, siempre y cuando no sea la totalidad de la calle lo que se corta, ya que esa medida implicaría un avance dañino por sobre el derecho de la mayoría a circular con libertad. Pero ni eso consiguen las mayorías en este país, aunque nadie habla de ello, porque los que más “ruido” hace (o logran hacer por la amplificación mediática) son las minorías.
Lo mismo sucede con la novedosa pretensión de algunas minorías de género para que toda la población modifique el lenguaje y se troque el “todos y todas” por el “todes”. Perfecto para quienes se sientan cómodo con estas variantes, pero ¿pretender imponerlo al resto no es, al fin, un acto dictatorial? Salvo que se apruebe una ley por parte de nuestros representantes en el Congreso, pretender e incluso exigir en algunos ámbitos, hasta educativos, que se hable de este modo es de una prepotencia hitleriana.
Respeto para las minorías: totalmente. Pero nada de dictaduras: ni de mayorías, ni de minorías.

WhatsAppXFacebook

Comentarios

🔓

Desbloqueá los comentarios

Hacete socio LO365 y sumate a la conversación.

Cargando comentarios...