El arzobispo emérito de Tucumán Luis Héctor Villalba ya es cardenal

El Papa Francisco trazó el perfil del purpurado de su pontificado: un religioso que conoce la magnanimidad, que ama lo que es grande, sin descuidar lo que es pequeño, que conoce la benevolencia, que vive en la caridad y agregó que el pueblo de Dios vea siempre en nosotros la firme denuncia de la injusticia y el servicio alegre de la verdad.
Buenos Aires, (NA) - El arzobispo emérito de Tucumán, Luis Héctor Villalba, fue ungido ayer miembro del Colegio de Cardenales por el Papa Francisco, aunque no podrá participar de la elección de un futuro Sumo Pontífice por su avanzada edad.
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De esta manera, será el cuarto argentino dentro del colegio cardenalicio, ya que actualmente están Estanislao Karlic, Mario Poli y Leonardo Sandri.
Villalba es un amigo personal del Sumo Pontífice, ya que trabajó muy cerca de Francisco cuando el por entonces Jorge Bergoglio fue presidente de la Conferencia Episcopal Argentina y él, vicepresidente primero.
Durante la oficialización de los nuevos cardenales, realizada en la Basílica de San Pedro, estuvieron presentes el titular de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, y el embajador argentino ante la Santa Sede, Eduardo Valdés.
Que el pueblo de Dios vea siempre en nosotros la firme denuncia de la injusticia y el servicio alegre de la verdad, instó el Papa a los nuevos cardenales, según consigna la agencia.
Pese a la solemnidad del acto y del lugar, Francisco recordó a los nuevos purpurados que el cardenalato no es una distinción honorífica, ni un accesorio o condecoración sino un punto de apoyo y un eje para la vida de la comunidad.
En su breve discurso, el Papa trazó el perfil del purpurado de su pontificado: un religioso que conoce la magnanimidad, que ama lo que es grande, sin descuidar lo que es pequeño, que conoce la benevolencia, que vive en la caridad y es descentrado de sí mismo, explicó.
Tampoco las dignidades eclesiásticas estamos inmunes a la tentación de la envidia y el orgullo, agregó.
Por segunda vez desde que fue elegido Pontífice en marzo del 2013 Francisco decidió premiar con el título cardenalicio a representantes de países pobres y subdesarrollados, en este caso 18 naciones, seis de las cuales no habían contado jamás con un cardenal: Cabo Verde, Tonga, Birmania, Mozambique, Nueva Zelanda y Panamá.
Junto a Villalba fueron designados otros 19 prelados, entre ellos 15 menores de 80 años y cinco que superan esa edad y no podrán elegir a un nuevo Pontífice.
En ese sentido, el Colegio tiene ahora 227 miembros, de los cuales 125 son electores menores de 80 años y que llegaron de países como Tonga, Panamá, Tailandia, Vietnam, Etiopía, Cabo Verde y Myammar.
Así, los latinoamericanos son 21 con las nuevas incorporaciones, mientras que se ha reducido notablemente el número de italianos, pero aún son los de mayor cantidad, 26, en el Colegio.
El Papa ignoró a los obispos de grandes archidiócesis europeas como Venecia y Turín, que suelen contar con cardenales por tradición, y escogió prelados de regiones olvidadas, como el italiano Francesco Montenegro, de Agrigento, en Sicilia, testigo del dolor de los cientos de migrantes que arriesgan la vida en el Mediterráneo al intentar entrar a Italia.












