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Dilma, en su punto más crítico por la corrupción en Petrobras

04 de diciembre de 2015 a las 12:00 a. m.

Es claro que a la Argentina no le convienen las crisis políticas en vecinos que son socios estratégicos de nuestro país, como Brasil, sin embargo no podemos interferir en naciones vecinas, sino sólo esperar que la situación se normalice a fin de que podamos tener fructíferas relaciones a futuro, como hemos venido sosteniendo en el marco del Mercosur.

Por el momento la crisis política en Brasil llegó a un límite importante tras las denuncias de corrupción en el escándalo de sobornos de Petrobras, lo que se dio en llamar el “petrolao”, que englobó a funcionarios, legisladores y miembros del Partido de los Trabajadores. Ante una presión que se ha vuelto insoportable el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, tuvo que aceptar uno de los pedidos de impeachment contra la presidenta Dilma Rousseff, que ahora deberá juntar todo el apoyo político posible para mantenerse en el poder.

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Cunha basó su decisión en una solicitud de impeachment presentado por dos respetados juristas: Helio Bicudo, uno de los fundadores del PT, y Miguel Reale Jr., exministro de Justicia durante el gobierno del socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso. Según este pedido, Dilma habría incurrido en un “delito de responsabilidad fiscal” tanto el año pasado como este por demorar la transferencia de fondos a bancos públicos con los que se debían pagar programas sociales; de esta manera, aducen, el gobierno buscaba maquillar el déficit fiscal. Las entidades bancarias debieron desembolsar el dinero de sus propias arcas, lo que en la práctica constituiría un préstamo al Tesoro, que requería autorización del Congreso.

Para Dilma que hace nueve meses asumió su segundo mandato es una suerte de traición la decisión tomada por el presidente de la Cámara de Diputados porque dijo que era una medida “contra un mandato democráticamente conferido por el pueblo brasileño”, en un mensaje televisivo desde el Palacio del Planalto. Y dijo tener la tranquilidad de que el destino de la propuesta será el archivo. Pero la realidad es que hay mucho nerviosismo con este asunto y el oficialismo está operando para evitar lo peor, que será una destitución lisa y llana.

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Para completar un panorama sombrío, la situación económica de Brasil comenzó a complicarse tras el petrolao, una aguda recesión, una inflación de casi 10 por ciento y una tasa de desempleo que roza el 9 por ciento, al tiempo que Petrobras debió ser desguazada, siendo la principal empresa estatal de Brasil y sus subsidiarias, como la de Argentina se sacaron al mercado de venta.

Los pasos a seguir, de acuerdo a la ley brasileña es que ahora la Cámara de Diputados debe crear una comisión especial para evaluar la decisión de Cunha y, en un plazo de 15 sesiones parlamentarias, deberá someter su parecer al plenario de la Cámara, formada por 513 legisladores. Serán entonces necesarios dos tercios del total, o sea 342 votos, para que se inicie el proceso de impeachement.

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El oficialismo lucha y confía en que no se reúna el número mágico de la mayoría especial. De ser aprobado, lo que no ocurre desde 1992, cuando Fernando Collor de Mello enfrentó un impeachment y renunció antes de ser condenado (de modo que hay antecedentes en Brasil de situaciones similares), la presidenta sería apartada de manera provisoria de sus funciones durante un plazo máximo de 180 días. Asumiría el poder interinamente el vicepresidente, Michel Temer, que al igual que Cunha pertenece al principal aliado del oficialista Partido de los Trabajadores (PT), el Partido del Movimiento Democrático Brasileño, pero hasta ahora se ha mostrado leal a la mandataria.

El Senado será el encargado de juzgar a Dilma en una sesión plenaria encabezada por el presidente de la Corte Suprema. Nuevamente serían necesarios dos tercios de los votos (54 del total de 81 senadores) para destituir inmediatamente a la presidenta, que además quedaría impedida de ejercer otro cargo público electivo por ocho años.

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Dilma rápidamente llamó a conferencia de prensa y dijo: “Son inconsistentes e improcedentes las razones que fundamentan este pedido. No existe ningún acto ilícito practicado por mí. No hay contra mí ninguna sospecha de desvío de dinero público, no tengo cuentas públicas en el exterior ni oculté al conocimiento público la existencia de bienes personales”, retrucó Dilma en su mensaje, en clara referencia a las denuncias que pesan sobre el presidente de la Cámara de Diputados. Se lo dijo a Cunha sin nombrarlo porque ha sido acusado por la Procuraduría de la República de haber ocultado cinco millones de dólares en cuentas suizas presuntamente provenientes de coimas recibidas dentro del esquema de corrupción que imperó en Petrobras, pagadas por constructoras que querían garantizarse contratos con la petrolera estatal. Como se negó a renunciar a su cargo, Cunha estaba siendo sometido a un proceso por parte del Consejo de Etica de la Cámara baja. Precisamente si el oficialismo no lo apoya frente a este Consejo, él seguirá adelante con el pedido de interpelación a Dilma.

El Palacio del Planalto, apoyado por el padrino político de Dilma, Luiz Inacio Lula da Silva, intentó convencer a los diputados de salvar a Cunha para librar a la presidenta de un desgastante proceso de impeachment, pero la cúpula del PT se opuso para no seguir dañando la imagen del partido ante un chantaje así. Sobre todo luego de que la semana pasada fue detenido el líder de la bancada oficialista en el Senado, Delcidio Amaral, acusado de intentar obstruir las investigaciones judiciales en torno al escándalo del petrolao. Al borde del precipicio, Cunha jugó su carta más poderosa.

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La sorpresiva decisión de Cunha recibió el respaldo de la oposición, encabezada por el Partido de la Social Democracia Brasileña, que había sido uno de los principales impulsores del impeachment y de las masivas marchas callejeras en todo el país contra la presidenta.

En definitiva casi todos los poderes de Brasil están envueltos en el enjuague de las coimas con Petrobras, que parece haber sostenido casi toda la política brasileña. 

¿Cómo terminará la crisis? Es pronto para decirlo, pero la corrupción en cualquiera de sus formas es cada vez menos soportada por las sociedades de los países que como el nuestro o el brasileño, han naturalizado este tipo de cosas.

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