Con un doble atentado, una Siria devastada entra en su séptimo año de guerra

Ayer a las 13:10 un kamikaze se hizo estallar en el interior de un edificio que alberga dos tribunales, dos horas más tarde en el barrio de Rabué, en el oeste de Damasco, otro fanático detonó su cinturón explosivo en el interior de un restaurante.
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Damasco, (AFP-NA) - Dos atentados en menos de dos horas en Damasco mataron ayer a al menos 32 personas y marcaron a sangre y fuego el séptimo aniversario de la guerra de Siria, que ha dejado más de 320.000 muertos. Estas explosiones ocurren cinco días después de que 74 personas perdieran la vida en un doble atentando en la ciudad vieja de la capital siria.
Hacia las 13:10 (11:10 GMT), un kamikaze se hizo estallar en el interior de un edificio que alberga dos tribunales, cerca de la entrada del famoso zoco.
“Oí un ruido, miré a mi izquierda y vi a un hombre vestido con una chaqueta militar”, explicó a la televisión pública un hombre llevando un parche en su ojo herido.
“En ese momento, levantó los brazos hacia el cielo y gritó: Allah Akbar (Dios es grande), y después de produjo la explosión”, añadió.
La explosión tuvo lugar en una hora de mucha afluencia y dejó 100 heridos.
Menos de dos horas después, en el barrio de Rabué, en el oeste de Damasco, otro kamikaze “detonó su cinturón explosivo en el interior de un restaurante”, informó la agencia oficial siria Sana. La fuente policial informó de 25 heridos.
Entretanto, el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (Osdh) informó que al menos 25 civiles, entre ellos 14 niños, murieron ayer a la madrugada en bombardeos sobre la ciudad de Idlib, en el noroeste del país, bajo control yihadista.
Estas muertes recrudecen el terrible balance de seis años de guerra que ha causado 320.000 muertos, más de 11 millones de desplazados y refugiados, es decir la mitad de la población de antes de la guerra, y ha dejado por los suelos todas las infraestructuras del país.
Este trágico aniversario coincide con una tercera ronda de negociaciones de paz en Kazajistán, que terminaron sin avances.
Los insurgentes se encuentran hoy en una situación extremadamente débil y marginal, sobre todo tras la pérdida en diciembre del sector este de Alepo, su mayor feudo. Por otro lado, la oposición política ya no puede contar ni con el apoyo turco, después de que Ankara y Moscú -hasta entonces rivales- acercaran posiciones a finales de 2016, ni con el respaldo de Estados Unidos, puesto que la administración de Donald Trump se mostró desinteresada en las pasadas negociaciones en Astaná y Ginebra.











