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Edificios con historia

Arquitectura y Hogar

La arquitectura de los trenes, símbolo de identidad de Pergamino

Gracias a la arquitectura, donde antes había abandono, hoy pueden nacer centros culturales, museos, paseos gastronómicos y espacios de encuentro.

27 de abril de 2025 a las 07:37 a. m.
La arquitectura de los trenes, símbolo de identidad de Pergamino
Uno de los mayores desafíos fue restaurar los antiguos muros de ladrillo a la vista, típicos del estilo inglés con el que fue construido el edificio original.

Recuperar el patrimonio arquitectónico ferroviario es mucho más que rescatar viejos edificios: es conservar una parte esencial de nuestra historia, nuestra cultura y el desarrollo de nuestras comunidades. Los ferrocarriles no solo conectaron pueblos y ciudades; moldearon paisajes, impulsaron economías y dejaron huellas profundas en nuestra identidad colectiva.

Restaurar y reutilizar las estructuras ferroviarias significa mantener vivo un legado tangible. Pero también implica crear nuevas oportunidades de desarrollo económico, social y turístico. Donde antes había abandono, hoy pueden nacer centros culturales, museos, paseos gastronómicos y espacios de encuentro para vecinos y visitantes.

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Una historia entre rieles

En Argentina, el ferrocarril fue protagonista del auge industrial, del crecimiento comercial y del traslado de millones de personas. Las estaciones, talleres y vías no solo son piezas funcionales: son reflejo de una época, ejemplos de arquitectura con valor histórico, artístico y cultural.

En nuestra ciudad, la recuperación del patrimonio ferroviario revitalizó zonas olvidadas, transformándolas en espacios vivos que dialogan entre el pasado y el presente. Hoy albergan actividades culturales, educativas y turísticas, generando identidad y pertenencia.

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Desarrollo local

Como sucede en Pergamino y en tantas otras localidades de la provincia, la puesta en valor de estas construcciones representa un recurso estratégico para el desarrollo local. Refuncionalizar estaciones, talleres y vías puede atraer visitantes, fomentar la economía local y ofrecer nuevos espacios públicos que mejoran la calidad de vida de los vecinos.

En el caso del viejo galpón de máquinas, ubicado sobe Alsina a la altura de Azcuénaga, donde hoy funciona el Centro cultural Bellas Artes, uno de los mayores desafíos fue restaurar los antiguos muros de ladrillo a la vista, típicos del estilo inglés con el que fue construido el edificio original. También se recuperaron los arcos de medio punto, respetando el diseño original que con el paso del tiempo había sido modificado.

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Los principales deterioros incluían desagregación de juntas por pérdida de material, desprendimiento de ladrillos, presencia de líquenes y hongos, y oscurecimiento por hollín y contaminación.

El trabajo técnico implicó una limpieza superficial mediante microabrasión en seco, reposición de juntas con mortero compatible a base de cal, reemplazo de ladrillos faltantes con piezas envejecidas artesanalmente y aplicación de un protector hidrofugante que asegura homogeneidad y durabilidad.

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Gracias al Ferro Museo

Para reconstruir los arcos originales se utilizaron planos históricos provistos por el Ferro Museo, lo que permitió realizar una intervención precisa y respetuosa, devolviéndole al edificio su forma y esplendor originales.

El galpón de máquinas fue repensado para albergar tres instituciones: el Museo Municipal de Bellas Artes (MUMBA), la sala de convenciones Presidente Arturo Illia y la Escuela Municipal de Bellas Artes (EMBA). Aunque independientes, todas conviven en un espacio integrado.

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Inspirados en las pasarelas elevadas que servían para reparar locomotoras, se incorporó un segundo nivel con rampas metálicas que conectan ambas plantas. Esta solución no solo resolvió la funcionalidad, sino que mantuvo el espíritu original del lugar.

Materialidad, memoria y modernidad

Los materiales elegidos -metal y vidrio- cumplen un rol protagónico: respetan la identidad original y al mismo tiempo aportan una estética contemporánea, generando continuidad visual sin ocultar el pasado. Las fosas originales, hoy iluminadas y visibles, se integran al recorrido, permitiendo al visitante sentir que sigue dentro del viejo taller de reparaciones.

La intervención buscó, en todo momento, evitar tensiones entre lo nuevo y lo antiguo. Se respetó la estructura original, se puso en valor su historia y se dotó al espacio de una vitalidad nueva, adecuada a los tiempos que corren.

Hoy, este edificio de más de 2.500 metros cuadrados no solo es útil: es símbolo. Es testimonio vivo de una época de esplendor ferroviario, de una comunidad que mira hacia el futuro sin olvidar sus raíces.

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